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De la creencia a la confianza

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"Watch and observe, and life itself will soon become your greatest teacher" (Isha Judd) ¿Qué significa creer? Se trata de la disposición de la mente a asumir como cierta una idea, un concepto o una proposición. La creencia es un asunto del intelecto. Supongamos, en un juego de palabras algo escolásticas, que la voluntad mueve al entendimiento a aceptar una idea o una proposición como verdadera o a rechazar otra como falsa. Se trata de un movimiento de la voluntad mediado por la capacidad comprensiva del intelecto. Ahora bien, hay cierta libertad de asumir cualquier creencia; por ejemplo, puedo decir “P es verdadero”  o “P es falso”. Cuando digo “creo que P”, lo que digo es: “creo que P es una proposición o idea verdadera”. En términos generales, parece que tenemos una fuerte tendencia a la creencia y, de hecho, necesitamos creer por cuestiones prácticas y de supervivencia. Creemos, por ejemplo, que al amanecer volveremos a ver el sol, que el choque de algunos...

Verdad y Creencia

Qué es eso que llamamos verdad. Es recordada la escena en la que Pilatos le pregunta a Jesús ¿qué es la verdad? Quizá no sea así, en realidad es el gesto de un romano de la época en la que circulaban las filosofías estoica y epicúrea junto a la epojé del pirronismo. Es la pregunta de la filosofía greco-romana a la que Jesús respondería con un extraño “Yo-Soy”. Qué sé yo lo que haya querido decir Jesús con eso; como diría el viejo catecismo, Doctores tiene la Madre Iglesia que os sepan responder. Lo que entendemos por verdad, y ya antes había dicho que es como un juego, suele entenderse, grosso modo, desde tres perspectivas: epistemológica, ética y ontológica. El concepto de la verdad en la perspectiva epistemológica, a su vez, podría entenderse desde tres enfoques: adecuación o correspondencia, consistencia o coherencia y, finalmente, conveniencia o consenso. El sentido de verdad como adecuación o correspondencia parece ser el más clásico; se trata de la adecuaci...

βάχΧος

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La trascendencia es en realidad un momento objetivado de la inmanencia del todo, este es el sentido de βάχΧος; la individualidad es una ilusión apolínea de separación. La eternidad no consiste en una duración temporal infinita, sino en la intemporalidad, de modo que la vida eterna no es otra cosa que consciencia viva y presente. Y de lo que sea todo esto, no cabe más sino callar; lo místico muere en las palabras, pues lo inexpresable se muestra a sí mismo, y de tal modo Dios habita en el silencio. La aparente disyuntiva entre materialista y espiritualista, olvida fácilmente la diversidad conceptual en la que suelen emerger estos dos ismos como contradictorios y complementarios, o como la misma cosa en categorías opuestas. Ante todo, creo que soy cuerpo que siente, goza, vive y a veces vuela...  Digo que es una disyuntiva aparente y preferiría usar la metáfora de una moneda y sus dos caras. La vida se ve por uno de sus lados, desde las condiciones materiales y, de otr...

De la tesis 11 sobre Feuerbach

Hay en el espíritu humano una necesidad de transformar el mundo, un rechazo a lo estático y un cierto hastío por lo permanente. Y, simultáneamente hay un miedo que deja el alma quiete en lo seguro, en lo ya conocido, en lo que puede preverse a base de lo precedente; hay una tranquilidad en la permanencia. Ninguna de las dos es directamente lo que anima en Marx esa famosa tesis once. Pero no es mi asunto ni interés los ánimos de Marx, ni los de nadie; tan solo los míos y lo que me es dado en mis circunstancias; y sin embargo, mis circunstancias son históricas y atravesadas por relaciones desde otros que me preceden y contemporáneos a su vez precedidos por tramas complejas de relaciones que dificultan concebirme como individuo puramente aislado allende el análisis hipotético mental. Parto entonces de esa imperante fuerza ilocutiva de la tesis once, no para analizarla, sino para observar lo que en mi pueda producir y animar. Confieso que cierto entusiasmo combinado con algo de sen...

De la sacralidad de la vida o una ética paradojal

Aun cuando considero que nada hay que pueda legitimar mi existencia por encima de la de ningún otro, asumir el imperativo de la sacralidad de la vida es algo que me resultaría paradójico; con lo cual me es difícil hablar sin contradecirme en estos temas, por la simple constatación de que la conservación de mi propia existencia, como la de cualquier otro ser, consume la existencia de otros seres, aunque calcule racionalmente el gasto.  Reconozco, a riesgo de escándalo, que no solo tengo la capacidad de matar, sino que efectivamente mi propia conservación supone la muerte de otros, sea que la asuma o no –es interesante ver cómo la moralidad social consiste en delegar el trabajo sucio a otros, para no sentir la incomodidad que parece provocar a ciertas personas tener que matar el alimento que consumen empacado en el supermercado –; en este punto, y sin ánimo de ofender o deslegitimar los sistemas de creencias y valores que orientan algunas prácticas alimenticias, lo único que...

Mi maldito Sócrates, mi maldito Descartes

Tengo un deseo de comprender lo que aparece en los diarios, quisiera comprender la política, quisiera, haciendo uso de mi derecho ciudadano, elegir una propuesta que si bien puede no ser la más conveniente, en tanto que no es posible ninguna predicción real, sí al menos una que me fuera comprensible en los aspectos más relevantes. En este momento puedo pensar con más calma y volver sobre mi angustia ciudadana, aprovechando que no es época de contiendas electorales.  Tengo algunas creencias provisorias, en las que aún no tengo el tiempo de ahondar mucho, sobre las que no dejo de tener mis sospechas, pero que a falta de algo mejor, las dejo como supuestos que hago explícitos.  Creo que hay algo llamado Estado, pero eso es en principio un acto de fe. Soy como el escudero, Sancho, quien no logra ver los gigantes contra los que lucha su señor. Todos hablan del Estado, y van lanza en ristre, pero yo no es que no quiera luchar, ni cobardía alguna que me aqueje, es qu...

El Estado o el genio sin magia

Siento que la noción de Estado es algo muy complejo, sus mil brazos se me hacen difusos y no logro comprender del todo su mecánica, pues no son más simples molinos que mueve el viento, pero que, al ver derrumbar al caballero de la triste figura con el mover de sus aspas, comprendo que nos sobrepasa en fuerza. Creo que ese Estado emergió a la existencia por algún motivo, el cuál no me es en nada claro; las metáforas contractualistas me resultan exquisitas, pero de fondo no puedo dejar de sentirlas artificiosamente elaboradas. Aun así, puedo creer, aunque luego me percate de estar equivocado, que hay una lógica de funcionamiento basada en la relación de protección al amparo del más fuerte. Así, dejaré de luchar contra el monstruo enemigo y, como el vasallo al servicio de un señor, me someteré amablemente a sus reglas y normas, y confiaré en su buena fe por protegerme. Un buen día este Señor podría preguntarme qué quiero; y en verdad puedo desear muchas cosas, y lo pien...